Buscar este blog
domingo, 6 de noviembre de 2022
miércoles, 2 de noviembre de 2022
NUEVO NÚMERO DE EL MENSAJERO DE LA LUNA
Compartimos un nuevo número de “El
Mensajero de la Luna”, la revista de la Sociedad Lunar Argentina y la Sección
Lunar de la Liga Iberoamericana de Astronomía. El número 30 tiene las
secciones de siempre: Galería Lunar, con las últimas imágenes de nuestros
miembros; Crónicas Lunares (en la que contaos la asombrosa historia de
cómo Kepler consideraba que los cráteres eran ciudades y como se construían); en
Selenología aprendemos un poco sobre uno de los cráteres más extraños de la
Luna, Schiller, en Galería Planetaria tenemos imágenes de Júpìter y Saturno de
nuestros miembros; en Traducciones presentamos un texto sobre los futuros
lugares de alunizaje de Artemis 3 y en Luna de Papel poesías de nuestro amigo
Jairo Chavez (con una bonita imagen) y de Leopold Sacher-Masoch. Y como 30 es
un número especial, agregamos dos nuevas secciones, relacionadas con dos
proyecto PRO-AM en los que participamos junto a la Association of Lunar and
Planetary Observers (ALPO) y la Lunar Section de la British Astronomical
Association (BAA), en las que vamos a dar a conocer casos interesantes que
aportamos a los Proyectos, ambos dirigidos por el Dr. Anthony Cook: en este
número en Proyecto Cuencas y Cráteres Enterrados proponemos un tercer anillo a
la cuenca Zucchius-Schiller y el análisis del Dr. Cook, y en Proyecto de
Verificación/Eliminación de Reportes Históricos de Fenómenos Lunares
Transitorios analizamos un reporte nuestro realizado en la observación del
último eclipse lunar que permitió retirar de la base de datos un antiguo
reporte de un rayo brillante que pasa por Grimaldi y se ve solamente en ciertas
condiciones de iluminación.
Como siempre, los alentamos a
compartir sus observaciones a través del email albertoanunziato@yahoo.com.ar
Este es el link para
descargar:
https://drive.google.com/file/d/10MlhM1yC_lKzPN3dlUP1HCycG0qtwcRb/view?usp=sharing
sábado, 29 de octubre de 2022
LA CUENCA SCHILLER-ZUCCHIUS
¿Una cuenca con dos o tres anillos?
Este
es el título y el texto del reporte que enviamos a Anthony Cook como
contribución al Basin and Buried Craters Project (Proyecto de Cuencas y
Cráteres Enterrados), del que la Sociedad Lunar Argentina es parte:
Paul
Spudis en “The geology of Multi-Ring Impact Basins” (Table 2.2 en página 40)
incluye esta cuenca en la lista de cuencas con menos de tres anillos. En la imagen
que tomamos hace ya 6 años (IMAGE 1) de Schiller cerca del terminador, que pasa
por el borde de Zucchius opuesto a Schiller, tratamos de determinar los anillos
de esta cuenca, para ello retocamos un poco la imagen original (IMAGE 1
CLEARER). En IMAGE 2 sugerimos lo que pueden ser los bordes de los dos anillos
mencionados por Spudis (marcados por flechas rojas y amarillas). Ahora bien, ¿puede
ser que haya un tercer anillo, más interior, marcado con flechas violetas en la
IMAGE 3? Si fuera así, nuestra cuenca sería una más típica cuenca de 3 anillos
(IMAGE 4). Este supuesto anillo, más interior y pequeño, puede verse como una
depresión en IMAGE 5 (LROC QUICKMAP AZIMUTH LOLA layer) y podría deducirse de
la IMAGE 6, que es una captura del LROC Quickmap GRAIL CRUSTAL THICKNESS layer.
IMAGE
1
IMAGE
2
IMAGE
3
IMAGE
4
IMAGE
5
IMAGE
6
En
la edición de octubre de 2022 de The Lunar Observer (páginas 73 a 75) Anthony
Cook comentó nuestro reporte:
“Alberto
Anunziato ha enviado un trabajo realizado por la SLA sobre un posible tercer
anillo en esta cuenca y comenta: “Paul Spudis en “The geology of Multi-Ring
Impact Basins” (Tabla 2.2 en la página 40) incluye esta cuenca en la lista de
cuencas con menos de tres anillos”. Puede ver la cuenca con bastante claridad
en la capa LROC Quickmap GRAIL Crustal Thickness (Fig. 1), (nuestra IMAGE 6),
pero no los anillos. Figura 1. Mapa de espesor de la corteza GRAIL: el azul es
delgado y el rojo es grueso. Del sitio web LROC Quickmap. Usando una imagen que
el grupo SLA tomó hace seis años (Fig. 2) de Schiller cerca del
terminador, que pasa por el borde de Zucchius frente a Schiller, intentaron
representar los anillos de esta cuenca. La figura 2 (arriba) (nuestra IMAGE
2) muestra dónde están los dos anillos propuestos, según Spudis. La figura
2 (abajo) (nuestra IMAGE 4) muestra un anillo interior adicional que el
grupo SLA sugiere que podría ser un anillo interior. El Lunar Wiki:
http://the-moon.us/wiki/SchillerZucchius_Basin da dos diámetros de anillo: 175
y 335 km. El anillo interior propuesto tiene un diámetro de 91 km, pero también
podría ser un cráter enterrado; sin embargo, parece coincidir con el centro de
la cuenca SchillerZucchius. Los tres anillos se ven más claramente en el
diagrama de Azimut de pendiente en la Fig. 3 (nuestra IMAGE 5).
Data:
Name and location of observer: Luis Francisco Alsina
Cardinalli (Oro Verde, Argentina).
Name of feature: Schiller.
Date and time (UT) of observation: 12-11-2016-03:33.
Filter: Astronomik ProPlanet 742 IR-pass.
Size and type of telescope used:
domingo, 23 de octubre de 2022
LOS CRÁTERES COMO POBLADOS LUNARES DE KEPLER
Traducción del texto
aparecido en la edición de octubre 2022 de “The Lunar Observer”
La observación visual
continuada, siempre que las implacables nubes de nuestro invierno austral lo
permitan, nos acostumbran a reflexionar sobre la relación entre lo que
observamos en la superficie lunar, a través del ocular, y lo que sabemos acerca
de lo que estamos observando, por habernos previamente informado. Somos
privilegiados al poder observar sobre la base de lo que una serie de misiones
espaciales fotografiaron desde órbita lunar, sin hablar de lo que sabemos sobre
geología lunar, por ejemplo. Pero los primeros observadores no tuvieron nada
que los orientara, fue una auténtica exploración sin mapas. Galileo realizó su
primera observación telescópica en 1609 e interpretó lo que observó como un
paisaje montañoso por dos razones: porque lo era y porque había leído la
opinión de algunos filósofos (especialmente Plutarco) que sostenían que la Luna
era similar a la Tierra, su observación confirmaba la teoría. Pero la analogía
entre ambos mundos no era completa, en absoluto. Los observadores que siguieron
se encontraban en grandes problemas para interpretar lo que estaban observando
con sus rudimentarios instrumentos. Lo señala claramente Francis Manasek en “A
treatise in Moon Maps”, refiriéndose a las observaciones de uno de los más
sagaces de los pioneros de la selenografía, el italiano Francesco Fontana
(realizadas en 1629): “Fontana trabajó en un período en el que las imágenes de
telescopios eran culturalmente muy nuevas y la creación de significado a partir
de tales imágenes no tenía una base hermenéutica (…) Fontana es muy débil
cuando se trata de describir su morfología y claramente está luchando con el
problema de cuáles son las diversas características. realmente son y cómo puede
llamarlos. El término genérico “mancha” prevaleció durante mucho tiempo. Lo siguiente
ejemplifica sus incapacidades verbales para describir simplemente las
estructuras mismas: “Pero otras regiones oscuras traicionan la presencia en el
disco lunar de huecos, hoyos, hendiduras, pequeñas hendiduras y caminos
angostos, con la excepción de algunos caminos brillantes que parecen indican
huecos brillantes. Se observa que casi todas las áreas oscuras son menos
oscuras en comparación con las áreas en la sombra” (página 103/105).
Estas dificultades
epistemológicas son gigantescas, por eso son tan apreciables sus dotes
observacionales, especialmente en la interpretación de lo que en ese momento se
conocía con el genérico e impreciso término en latín de “maculas”, cuya
naturaleza no se conocía: “Era obvio para Fontana que algunos cráteres tenían
picos centrales y los mostró con energía artística. El número de cráteres a los
que atribuye picos centrales es bastante grande y posiblemente no todos los
oscurecimientos centrales representan picos. Sugiere una morfología de cráteres
más compleja que la de sus contemporáneos y, de hecho, Hevelius solo muestra
dos picos centrales en toda la superficie lunar en su Mapa R (…) Fontana (…)
representó algunos cráteres como cuencas cóncavas, otros con picos centrales, y
otros con sugerencias de un piso plano”(página 107).
Por supuesto, Fontana no sabía que
lo que observaba en el centro de algunos cráteres era una montaña, nosotros la
percibimos como tal porque ya sabemos que ciertos cráteres deben tener una en
su centro. Manasek provee la noticia que Kepler también habría observado que
algunos cráteres tenían algo en su centro y otros no: “Cuando su Somnium seu
Opus Posthumun de Astronomia Lunari fue publicado en 1634 por su hijo, Ludwig,
contenía una carta escrita en 1623 a Paulua Guldin en la que Kepler,
presumiblemente usando un telescopio astronómico de su propio diseño, observó
que algunos cráteres tenían picos centrales. mientras que otros cráteres no”
(página 101).
¿Cómo interpretaba
Kepler lo que veía en el centro? No, como montañas sino como una especie de
elevación hueca que atribuía a la intervención de seres inteligentes. Su poco
conocido Appendix Geographica, seu mavis, Selenographica” (Geographical, or,
if you prefer, Selenographical Appendix
) a su novela “Somnium” (que cuenta un viaje a la Luna), adelanta lo que en las
notas a este apéndice tratará de demostrar a partir de sus observaciones telescópicas:
que lo que ahora conocemos como cráteres (o al menos los que tienen pico
central, en terminología moderna) son fruto de un diseño inteligente. Así dice
el Appendix (la traducción es nuestra):
“Si piensas en los
poblados lunares, te demostraré cómo los veo. Las cavidades lunares, que por
primera vez observó Galileo, indican principalmente lugares que, como
demuestro, son depresiones en la superficie, como lo son nuestros mares. Pero
deduzco, por la forma misma de las cavidades, que estos lugares más bien son
pantanos. En estos lugares los endimiónidas suelen medir el espacio de sus
poblados, para poder protegerse de la humedad y el musgo, de los ardores del
Sol y quizás incluso de sus enemigos. Su método es el siguiente: clavan una
estaca en el centro del espacio que van a delimitar para la construcción, a
este palo atan cordeles, largos o cortos según el tamaño del futuro poblado, el
más largo que descubrí alcanza cinco millas germánicas; luego de haber fijado
el cordel, lo extienden hasta el límite de la futura empalizada circular, que
es el extremo del cordel. Posteriormente, dedican todos sus esfuerzos a
levantar la empalizada, siendo el foso de una profundidad no menor a una milla
germánica. En algunos poblados arrojan todo el material excavado hacia el
interior, en otros lo arrojan hacia el exterior, en otros arrojan el material
excavado en parte hacia el interior y en parte hacia el exterior, de manera que
la empalizada es doble con un foso intermedio muy profundo. Cada empalizada
tiene una forma circular perfecta, conseguida gracias a que todos los cordeles
se extienden a la misma distancia de la estaca. De esta manera, no solamente el
foso es muy profundo, sino que también el centro del poblado, como el ombligo
en el vientre, forma una especie de laguna, y todo el borde circular queda muy
elevado por el material excavado desde interior, pues sería muy difícil
transportar el material excavado al cavar el foso hasta el centro. En el foso
se recoge la humedad de los campos y todo ese líquido va drenando, de manera
que llega a inundar el foso y este se vuelve navegable, y cuando está seco,
puede atravesarse sin problemas. En consecuencia, cuando los que están en el
centro del espacio sufren los ardores del Sol se desplazan hasta la parte que
se encuentra a la sombra de su empalizada exterior, y los que están fuera del
centro se desplazan hasta la zona en sombra de la empalizada interior del foso.
Así, durante los quince días en los que Sol continuamente abrasa la superficie,
siguen la sombra (peripatéticos-o sea los que pasean-en el verdadero sentido de
la palabra), para poder soportar el verano. Estos problemas te propongo
examinar punto por punto, partiendo de los fenómenos observados con el
telescopio para comprobar si las conclusiones concuerdan con los axiomas de la óptica,
la física y la metafísica”.
A este texto siguen las
notas explicativas, punto por punto. No debemos olvidar que Kepler dedicó gran
parte de su obra a los estudios lunares y que estos fueron fundamentales en la
revolución epistemológica del cambio del paradigma geocéntrico al paradigma
heliocéntrico. Pensar en la posibilidad de que la Luna estuviera habitada era
una posibilidad cierta luego de corroborada experimentalmente la tesis de
Plutarco de la similitud de esta con la Tierra. Kepler veía la forma circular
de los cráteres como un indicio de una mente ordenadora y por esa ensaya una
hipótesis de como esa mente ordenadora podría haber desarrollado una técnica
para construir poblados (“oppida”) que permitieran a los endimiónidas (así
llamó a los supuestos habitantes de la Luna, por Endimión, amado por la diosa
Selene) eludir el abrasador sol de un cielo sin atmósfera (ya Galileo se había
percatado de la inexistencia de atmósfera en la Luna).
Para Kepler no todos los
cráteres (en nuestros términos) serían pantanos que albergan poblados, en la
nota 29 al Appendix dice haber contado 23. Ilustramos con dos imágenes (que
enviamos oportunamente al Focus On correspondiente a los números 1 a 10 del Lunar
100) de Tycho, en una fase de lunación que ilustra claramente lo que argumenta
Kepler: los habitantes del centro pueden desplazarse hacia la parte sombreada,
es decir hacia la izquierda, mientras que los endimiónidas que se encuentren en
el foso (el suelo del cráter) pueden desplazarse hacia la derecha, a las
sombras de una de las paredes del cráter (la empalizada en términos de Kepler).
Ambas imágenes ilustran además como pudo haber observado Kepler lo que ahora
llamamos pico central: como zonas luminosas redondeadas, que podrían
interpretarse como un pequeño cráter dentro del cráter más grande, sobre todo
en la IMAGE 1.
Estas especulaciones de
Kepler no eran irracionales, repito, era una interpretación posible en los
primeros intentos en desentrañar qué era lo que observaban en la superficie
lunar. Y también es cierto que Kepler afirmó en una carta a su amigo Matthias
Bernegger que con su telescopio buscaba constantemente las murallas circulares
de las ciudades en la Luna.
IMAGE 1:
Name and location of
observer: Francisco Alsina Cardinalli (Oro Verde, Argentina, SLA-LIADA).
Name of feature: Tycho.
Date and time (UT) of
observation: 12-20-2015-00:45.
Size and type of telescope
used:
Magnification (for sketches): 168 x (with
Telextender).
Filter (if used) : None.
Medium employed (for photos and electronic images) : Canon Eos Digital Rebel
XS.
IMAGE 2
Name and location of
observer: Marcelo Mojica Gundlach (Cochabamba, Bolivia, LIADA).
Name of feature: Tycho.
Date and time (UT) of
observation: 07-07-2019-23.30.
Filter: None
Size and type of telescope
used: 150 mm. Refractor.
Medium employed (for photos and electronic images):
ZWO 120.
jueves, 13 de octubre de 2022
ENIGMÁTICO SCHILLER
Luis
Francisco Alsina Cardinalli y Alberto Anunziato
Traducción
del texto aparecido en la edición de octubre 2022 de “The Lunar Observer”
Schiller (IMAGE 1) es sin dudas uno de los cráteres más enigmático. Es un cráter elongado, pero de tamaño gigantesco, su eje mayor mide 179 kilómetros y el menor 71 kilómetros. Por supuesto, su forma extraña remite a su origen incierto. Inicialmente se pensó en un origen volcánico, de hecho, hasta hace pocas décadas se pensaba que la mayoría de los cráteres lunares eran volcánicos. Recurrí al viejo “The Moon”, de Thomas Elger, en busca de una descripción precisa y bella como todas las del libro. Pero Elger (página 112) no comenta lo más obvio, su extraña forma alargada. Esto tiene su explicación histórica, para el paradigma del origen volcánico, Schiller no es tan extraño. Pensemos que su forma y tamaño son casi los mismos que la caldera hoy cubierta por el lago Toba (en la isla indonesia de Sumatra), que provocó cambios climáticos muy significativos hace 70.000 años. La comparación es tentadora, pero los cráteres volcánicos en la Luna, los que hoy sabemos con certeza que son volcánicos, son muy diferentes en forma y tamaño de Schiller. Y, como dice Charles Wood en “The Modern Moon”: “La falta de depósitos de cenizas masivos en las cercanías y de paredes terrazas similares a las de un cráter de impacto hacen que esta teoría no sea probable” (página 177). Sin embargo, todavía en 1985 se consideraba una teoría relativamente reciente en “Implied origin for the craters Orcus Patera and Schiller fron the lunar channel Bouvard”, un texto en el que usando a lo que hoy conocemos como Vallis Bouvard, una cadena de impactos alineados radial a la cuenca de Mare Orientale, a los que la erosión da el aspecto de un valle (IMAGE 2),
introduce lo que parece haber originado a
nuestro cráter, según Robert Garfinkle: “Schiller parece ser el resultado de
cuatro o más impactos superpuestos en los que las montañas entre los cráteres
fueron destruidas y el área dentro de las paredes exteriores restantes se
inundó con lava generalmente suave durante la era Imbríca”. Si observamos los cráteres cercanos a Schiller, como
Longomontanus o Clavius, vemos que sus suelos, como el de Schiller, son
bastante lisos pese a ser cráteres muy antiguos. Pero también es cierto que “hay
poca evidencia de que cualquiera de los cráteres postulados se superponga con
cualquiera de los otros, lo que implica que los cráteres se formaron
simultáneamente” (The Modern Moon, página 177), “Quizás un pequeño
asteroide o cometa fue capturado en la órbita lunar y, mientras giraba en
espiral hacia adentro, se rompió en múltiples pedazos con los impactos
simultáneos casi rozando creando cráteres superpuestos” (The Kaguya Lunar
Atlas) y, más precisamente: “¿Podría un impacto rasante ser responsable tan
grande como Schiller? Las docenas de grandes cráteres alargados en Marte
apuntan a una respuesta. Peter Schultz propuso que los impactos de ángulo bajo
de Marte se produjeron cuando pequeñas lunas del tamaño de Fobos y Deimos
entraron en espiral y se estrellaron contra la superficie del planeta. Quizás
Schiller marque el lugar de descanso final de un pequeño ex satélite de nuestra
Luna” (The Modern Moon. Página 177). La IMAGE 3 es una impresionante vista de
Schiller desde la sonda japonesa Kaguya, que ilustra magníficamente la
descripción que hace Robert Garfinkle: “El cráter es más ancho en el sur que en
el norte, pero se estrecha en cada extremo. El suelo en el extremo sur es liso
y en el norte hay dos cadenas montañosas que descienden por la mitad del cráter
y terminan cerca de donde podría haber estado la pared del cráter que falta. El
norte también ha sido golpeado por un par de cráteres de tamaño mediano. El
piso está salpicado de pequeños puntos brillantes cuando se observa bajo altos
ángulos de iluminación solar”. ¿Recuerdan algún otro
cráter que presente a una cresta montañosa central? Solamente Heraclitus, según
recuerdo, relativamente cerca de Schiller.
Referencias:
Bowker,
David and Hughes, Kendrick (1971): Lunar Orbiter Photographic Atlas of
the Moon, NASA.
Elger, Thomas (1895): The Moon, George Philip &
son.
Garfinkle, Robert (2020): Luna Cognita, Springer.
Motomaro, Shimao and Wood, Charles (2011): The
Kaguya Lunar Atlas, Springer.
Trego, Kent (1984): Implied origin for the
craters Orcus Patera and Schiller fron the lunar channel Bouvard (Letter to the
Editor), “Earth, Moon and Planets 33, pages 99-102.
Wood,
Charles A. (2003): The modern Moon. A personal view, Sky and Telescope.
IMAGE 1:
Name and location of observer: Luis Francisco Alsina
Cardinalli (Oro Verde, Argentina).
Name of feature: Schiller.
Date and time (UT) of observation: 12-11-2016-03:33.
Filter: Astronomik ProPlanet 742 IR-pass.
Size and type of telescope used:
IMAGE 2: Plate 246 Lunar Orbiter Photographic Atlas of the
Moon.
IMAGE 3: Plate
71 The
Kaguya Lunar Atlas.
lunes, 10 de octubre de 2022
DORSA ALREDEDOR DE PIAZZI SMYTH
Traducción del texto aparecido en la edición de octubre 2022 de “The Lunar Observer” La zona oriental de Mare Imbrium es, sin dudas, una zona fascinante. Una serie de picos montañosos y de dorsa indican la topografía oculta de la antigua cuenca sepultada por la lava que formó el Mare Imbrium. Cerca del terminador las montañas brillan intensamente, desde Montes Recti hasta Montes Spitzbergen. La zona que observamos son los alrededores del cráter Piazz Smyth, que pese a tener un tamaño considerable (22 kms de diámetro), no presenta detalle alguno, ya que está por debajo del límite de los cráteres complejos con paredes aterrazadas y picos centrales. Está atravesado por un dorsum espectacular, del que nos ocuparemos más adelante. Ahora compararemos la observación con el LROC Quickmap (de la misión Lunar Reconnaissance Orbiter) (IMAGE 2).
En
la IMAGE 3, también obtenida del LROC Quickmap, marcamos tentativamente estas
zonas más altas. El dorsum C, en cambio, es el menos evidente, se percibía como
un semicírculo levemente brillante que delimitaba una zona de suelo levemente
más oscuro. Tres dorsa muy distintos entre sí, como suele suceder. También
realizamos una observación detallada de Mons Piton para el Lunar Geological
Change Detection Program, que se encontraría en la zona superior izquierda de
nuestra imagen, y que compartiremos en el próximo número.
Name
and location of observer: Alberto Anunziato (Paraná, Argentina).
Name
of feature: PIAZZI SMYTH
Date
and time (UT) of observation: 09-04-2022-00:00 to 00:20.
Size
and type of telescope used: 105 mm. Maksutov-Cassegrain (Meade EX 105)
Magnification:
154X
miércoles, 5 de octubre de 2022
NOCHE INTERNACIONAL DE OBSERVACIÓN LUNAR EN PARANÁ
Este
sábado 1º de octubre celebramos en la Costanera Baja de la ciudad de Paraná la
Noche Internacional de Observación Lunar, una tradición de la Sociedad Lunar
Argentina, cada año desde 2019 nos sumamos a este evento internacional. Los
aficionados que participamos fuimos de la Sociedad Lunar Paranaense y del
Centro de Observadores del Espacio de Santa Fe. Nos enorgullece seguir
compartiendo nuestra afición con la gente. Observamos la Luna, Júpiter, Saturno
e incluso un meteorito que trajeron los amigos santafesinos. Siempre libre y
gratuitamente, como todas las actividades de nuestra SLA.

























